Relaciones Grupales y Relaciones de  Pareja

Por: Carlos Ortiz Rea 

Se dijo alguna vez que: “Nadie puede vivir aislado a menos que este sea un Dios o una bestia”, pero lo que no se dijo es que no siendo ni un Dios ni una bestia, que hacer para no mantenerse aislado  y cómo lograr una conexión saludable con los demás. Pues aunque el hombre es un animal social, no es menos cierto que para poder ser tal, necesita de una capacidd de conexión y de fusión social,  llámese esta destreza social o capacidad de poder relacionarse con sus congéneres.  En una sociedad cada vez más tecnificada y de alguna forma alienada por modernos métodos de comunicación , el ser humano está “equipado” para interactuar con otros, pero desafortunadamente no cuenta con la destreza para convivir y llevar una relación emocionalmente sana, asimilando la dinámica que esto implica.  

Es pertinente recordar que los seres humanos desde la época de la horda, han tenido ciertos modales y protocolos para poder relacionarse los unos con los otros. El autor Diamond Jared, en su obra: Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años. (2006) define el concepto de horda, su dinámica y su incipiente forma de organización, junto con sus leyes y preceptos.

El autor sostiene que una de las características esenciales de la horda, era  la promiscuidad sexual, aspecto que de alguna forma provocaba conflictos, y se podría decir que -aunque no fue el único motivo- es considerado como el detonante para que la horda se fraccionara dando lugar a la tribu.  Rodrigo Borja Cevallos, en su libro-Enciclopedia de la Política- menciona que la horda se desenvolvió bajo un régimen de promiscuidad sexual, en donde el único elemento conocido de la procreación era la madre, por lo tanto, el parentesco se computaba en base a ella. Los conflictos que esto podría provocar trajo como consecuencia la aparición del clan y luego de la tribu.   

Por lo antes mencionado,  sería lógico colegir que uno de los ingredientes de interacción del homo sapiens, es el aspecto sexual, sin importar la forma en que esta conexión se materialice. Ahora bien, cuando hablamos de formas de conexión o relación, no es solamente el aspecto sexual, aunque este es un aspecto básico y prominente en las relaciones entre personas, sino más bien todo el componente dinámico de una relación, entendiéndose como componente dinámico, todos las aspectos que conlleva estar en una relación social propiamente dicha, no solamente en interacción grupal como en los tiempos de la horda, tribu y clan, sino también en la dinámica de relación contemporánea, es decir la familia. 

Si el aspecto sexual  fue considerado un ingrediente esencial en la relación entre miembros de la horda, tribu y clan, es lógico aceptar que una vez desaparecidas estas formas de conexión, el aspecto sexual no desapareció sino que solamente cambio  su forma de manifestación.

El filósofo Max Scheler, sostuvo que existen tres impulsos humanos básicos, el  de nutrición, el de poderío y el de reproducción, y que cada uno de ellos da lugar a ciertos fenómenos sociales fundamentales.  De acuerdo a su teoría, el origen a la familia es producto del impulso de reproducción. Con el surgimiento de  la familia, ente social como lo concebimos en la actualidad, aparecen  también otras formas de conexión entre los miembros de la familia-principal aunque no única- la relación de pareja.

 Las relaciones de pareja están atravesando -hoy más que nunca- por una situación de crisis, la misma que implica conflictos, falta de comunicación, falta de intimidad entre otros.  Estos aspectos implican un deterioro constante de la relación. Las parejas se sienten frustradas y confundidas ya que estos factores crean un impacto directo en su desenvolvimiento cotidiano.  Interesantemente, uno de los problemas que enfrenta la pareja es la cuestión de “infidelidad”. Entendiendo que la infidelidad hace referencia al contacto sexual con una persona que no es parte de la diada.  Es decir que de alguna manera  se produce un retroceso en nuestra trayectoria evolutiva empezando con la horda, el clan y la tribu, de acuerdo a lo que menciona Diamond Jared. La tendencia a la “promiscuidad” es una constante como lo establecen Jared  y Borja. El instinto de reproducción como defiende Scheler, muy bien gracias, es decir se mantiene pero no exactamente como el motor de la familia como este sostiene.

 Así las cosas, quizás la evolución nos jugó una mala pasada, pues como dirían algunos psicoanalistas- la civilización tiene sus propios descontentos- es decir que mientras evolucionamos negamos ciertos instintos básicos. Y quizás habría que elucubrar otros “detonantes” para la desaparición de la horda. Es decir que ni la “promiscuidad” ni por el hecho que el parentesco se computaba a través de la madre, dieron lugar a tal evolución. Sin negar que estos aspectos pudieron influenciar en dicho fenómeno, es acertado pensar que estos son solamente una parte del complejo componente del homo sapiens. De ahí que habría que analizar otros motivos, quizás menos aceptables, quizás “menos civilizados”, pero que por ser precisamente tales, no concuerdan con la “trayectoria de la evolución” como defiende los autores antes mencionados.
 
Pareciera ser que aunque estos enunciados tienen sentido social e histórico, estaríamos lidiando solamente con el extremo visible del iceberg. La conducta del ser humano, no puede ni debe estar sujeto a un concepto  superficial. Pues siendo siendo este parte inherente del reino animal, no sería justo catalogar su comportamiento basándonos en  conceptos superficiales sino en correlación con otros parámetros propios de su naturaleza compleja, variable e incógnita. 

 

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